El último post de Oscuro Zahorí

Hace unos días tuvimos un evento en honor y memoria de Juan Oscuro Zahorí. Amigo, instructor del dojo, y parte del alma de este espacio. Fue un evento íntimo y precioso en el que le recordamos, rodeado de una gente excepcional, que demuestra que Juan se rodeaba de personas de una calidad indiscutible.

Entre los diferentes actos, Al Nair, su pareja, leyo el último texto que Juan escribió unos días antes de dejarnos. Tiene mucho que ver con el Dojo, pero también tiene que ver con la vida, con como la sentía y con las cosas que para él eran importantes.

Siempre te recordaremos, Juan. Cambiaste a mejor todo sitio por el que pasaste.

Este es el texto integro y sin modificar de su último escrito.


Por circunstancias de la vida, llevo pensando unos meses como empezó todo esto. Las últimas visitas de Carlos a mí casa junto  unos cuantos alumnos ( amigos) del Dojo, como mis últimas visitas al Dojo, me han llevado a recordar como empezó todo esto. Recuerdo cómo un día Carlos en el grupo de alumnos dijo algo parecido a: “Estamos buscando un un local para crear un espacio de cuerdas para poder dar los talleres encondiciones ” pocos días después “ya tenemos local” y pronto empezaremos a montar el espacio. 

Juan: Carlos, cuando vas a comenzar a montarlo? 

Carlos Nawa: Juan, no lo sé. Pronto, por qué?

Juan: para ir a Madrid a echaros una mano.

Carlos: pero como vas a venir a echarnos una mano desde Murcia?

Juan: pues iré en coche o en tren. 

Que decir, que cuando hablo del inicio de todo esto, me refiero al inicio del espacio físico. La idea del Dojo como comunidad, como la forma de ver el shibari, las relaciones  interpersonales entre alumnos e instructores, entre los alumnos entre si es mucho anterior a todo esto. Digamos que yo llegue en 2019 y esto ya estaba, yo hablo del dojo como espacio físico.

Bien, durante unas semanas, pocas en realidad, estuvimos planificando, debatiendo, discutiendo, dando ideas en un grupo de Telegram. Les/ nos dieron las llaves del local. Era momento de hacer el replanteo de los planos en el local, planos que hicimos nosotros mismos, bueno los planos los hicieron realmente dos personas.

“Ya tenemos la madera y hay que ir a por ella” Carlos junto a no recuerdo que alumnos ( perdonar mi falta de memoria) fueron a Cuenca a por la madera, había que traer la madera y lógicamente subirla dos pisos hasta el local, para subir toda la madera, creedme que era mucha, contaron con la ayuda de otros alumnos que tampoco recuerdo ( que me vuelvan a perdonar). La madera estaba ya estaba en el dojo.

Recuerdo que un viernes sobre las 5 o las 6 de la mañana me monté en el coche rumbo a Valencia, tenía que recoger a la que en esa época era mi pareja, y de ahí a Madrid. Llegaríamos cerca de media mañana,  recuerdo que fue un viaje rápido haciendo las mínimas paradas y solo el tiempo necesario. Teniamos muchas ganas de llegar a Madrid, al llegar subimos todas las herramientas que habíamos traído y nos pusimos a trabajar y ayudar en todo lo que pudimos. Realmente éramos un grupo de unas 12 personas, sin apenas conocimiento de carpintería, con pocas herramientas y la mayoría eran prestadas, pero con muchas ganas de trabajar. Cada uno de nosotros hacía la tarea que Carlos le había asignado. Yo llevé una sierra circular que tengo en casa, con la que era imposible cortar las vigas rectas, después de pelearnos toda una tarde con la maldita sierra, alguien nos dice: “Es imposible cortar las vigas rectas con esa sierra, necesitáis una ingletadora profesional, yo tengo una pero no os la puedo acercar”. Pues ahí que nos vamos Carlos y yo a la sierra de Madrid, en mitad de la nada, a por un monstruo que entraba en el coche por casualidad. Regrasamos al dojo, cenamos y nos fuimos a dormir, estábamos muertos. 

Sábado por la mañana, desayuno rápido y vuelta al trabajo cortar, lijar, barrer, fresar, cocinar, esas eran nuestras tareas, y resolver los problemas que nos iban surgiendo a la lo largo del día. Así pasamos ese fin de semana, construyendo el dojo, pero sin darnos cuenta ninguno de los que ahí estábamos, estábamos construyendo algo más que un espacio de cuerdas. Realmente estábamos estrechando nuestros lazos entre nosotros, nuestra amistad se solidificó esos días, sin darnos cuenta estábamos creando el Dojo.

Llegó el domingo por la tarde, lamentablemente teníamos que hacer el viaje de regreso a Murcia pasando por Valencia. Fue un viaje con sabor agridulce, por un lado contentos por haber ayudado pero por otro lado tristes por no poder ayudar más. Durante la semana los trabajos en el Dojo dependían de la disponibilidad de los alumnos que colaboraban en la construcción,  durante todo el proceso nunca intervino un “profesional”. Calculo que los trabajos durarían como un mes.

Al poco tiempo de empezar el montaje se inauguró el Dojo en un evento íntimo pero muy bonito. Realmente se inauguró dos veces, por aforo y porqué pudiéramos estar todos los alumnos que colaboramos en la construcción. El Dojo ya estaba inaugurado y poco a poco fue tomando vida propia hasta llegar a lo que hoy conocéis.

Para mí, ese fin de semana fue muy bonito e intenso, conocí a unas personas maravillosas que estuvieron trabajando de una forma brutal, donde la ilusión no daba cabida al ego. Alguno de vosotros me habreis escuchado decir: “El primer curso de hashira que se dió en el Dojo fue: monta tú propia hashira”. Bien la mia es la primera a la derecha al subir al tatami. 

Hace unos meses Carlos me preguntó en mi casa sobre mi futuro en el shibari, le contesté que realmente no sabía cómo sería mi kinbaku en el futuro, que lo que sí que tenía clarísimo es que mi máximo, que lo más bonito que me veía capaz de hacer ya lo había hecho, “Yo ayudé a construir el Dojo”. Dudo que pueda hacer algo más bonito dentro del shibari.

Para terminar me gustaría hacer una reflexión. En mi última al Dojo obrsevé como las vigas habían tomado forma, como algo vivo. Se han revirado algunas, otras se han rajado. Veo el Dojo como un río, los alumnos somos el agua que fluye por el río, la corriente del Dojo son nuestras historias. El agua nunca permace quieta en un río, al igual que nosotros los alumnos no somos siempre los mismos. De ese grupo de alumnos que montaron el Dojo varios, por un motivo u otro, ya no están. Algún día yo también dejaré de ser parte el río, pero al igual que esos alumnos siempre habrá algo nuestro en el Dojo.