¿Por qué me gusta ser atada? por NawaTaNeko

«(Esto es algo que escribí hace unos años para un proyecto que nunca llegó a materializarse. Me gustaría publicarlo aquí porque me gusta lo que escribí, pero definitivamente he evolucionado desde entonces y si lo escribiera hoy, el texto probablemente sería diferente. Y ligeramente menos dramático 🙂


¿Por qué me gusta que me aten? La respuesta más adecuada sería porque se siente bien. La primera vez que la mano de mi pareja rozó una cuerda por mis hombros, reconocí la sensación. Había amor y un deseo de obedecer… obedecer lo que sea que la cuerda me pida que haga.

Mi tipo de modelo de cuerdas es la que busca la profundidad más que la novedad. Apenas ato con otras personas aparte de mi pareja. Nunca me aburre sentir el «mismo» Gote atado sobre mí una y otra vez. De todas formas siempre es diferente…

No soy sumisa, no soy masoquista, no me pagan por ser atada como a las profesionales del porno, no tenía un fetiche por las cuerdas cuando empecé (definitivamente lo he desarrollado con el tiempo), no tengo «historias» o fantasías sobre ser atada ni una interpretación particular de lo que eso podría significar.

Pero me siento bien siendo sometida en cuerdas. Arrodillarme en seiza y obedecer la voluntad de mi compañero. Me siento bien soportando el dolor que no me gusta y aceptando que me obliguen a hacer lo que no deseo. Aprendí a abrazar esta controversia y pienso en ella como un espacio ritual en el que consigo vivir las partes de mí que normalmente no ven la luz del día y ni siquiera visitan mi mundo de fantasía…, las partes que ni yo misma entiendo del todo.

En las cuerdas, busco la Rendición. Es erótico para mí, ser deseada, ser tomada. Me gusta que me «conviertan» en algo bello para el placer de mi atador. Quiero convertirme en arcilla y quiero que me toquen, me muevan, me abran, me tomen, me rechacen, me cosifiquen, me adoren, me penetren… En última instancia, busco entregarme hasta el núcleo de mi ser, hasta el punto de disolver mi resistencia mental y convertirme en nada más que un cuerpo palpitante, como el de la planta, el de la flor. En el camino, puede que me provoque diferentes emociones, a veces es super sexy, y otras, me provoca una profunda tristeza. Me gusta llegar donde no hay nada, solo tranquilidad, solo ser.

No siempre lo consigo. También hay miedo, resistencia, dureza, terquedad, no aceptación…

Hacemos estilo Seme-nawa – cuerdas desafiantes, las que tienen el poder para mover algo en mí, para derretirme, para transformarme en otra cosa. No busco el dolor, busco el Desafío. Un desafío que me lleve a mis límites, a mi resistencia, a mis miedos y a mis elecciones. Cuando estoy ahí arriba y no tengo forma de moverme, ni de respirar correctamente, y mi miedo es tan háptico -puedo tocarlo-, la única opción que me queda es rendirme a lo que está sucediendo. Esta intensidad me devuelve a mí misma, me recuerda que la verdad es lo que siento, no lo que creo que debería sentir. Esta intensidad rara vez la experimento en la vida «normal» y es uno de los regalos que me da el shibari. Es purificadora y suavizante…

Creo que una parte de esta «limpieza» consiste en tener un espacio para el Drama, tener un espacio para descargar emociones, especialmente emociones destructivas oscuras, que llego a acumular a lo largo del día… ¿Ira, odio, odio a mí misma, miedo, ansiedad…? Se supone que no debemos mostrar esos sentimientos en situaciones sociales, casi se nos niega tenerlos, pero están ahí. Es una bendición tener un espacio para vivirlos a través del llanto, el sudor, los temblores… hay una sensación de alivio y ligereza que suele venir después.

De niña solía provocar dramas para protegerme, para retarme a mí misma. Creo que es más bonito y resolutivo encontrar una forma de gestionar el drama dentro de un juego sexual, que acumular esta energía hasta que estalle violentamente.

En las cuerdas, aprendí mucho de Aceptación: reconocer lo que realmente hay, no lo que yo quiero que sea. La aceptación no es un estado pasivo. La aceptación es un estado sereno de confianza en algo más grande que yo, de confianza en la vida, en los demás, en la vulnerabilidad, en el futuro… no de resistencia, no de control.

Nos enseñan que podemos controlar la vida, controlar las relaciones, controlar a los demás. No podemos. Pero esta ilusión nos trae mucho dolor. Imaginamos el futuro, hacemos planes a largo plazo, nos apegamos a ese futuro deseado y nos sentimos fracasados cuando no lo alcanzamos. Esa solía ser mi postura muscular ante el mundo, la ejercí durante años… Hasta que empezamos con el Seme-nawa, hasta que me ataron de la manera que me derretía en pedacitos, me mantenía a salvo y me traía de vuelta, y entonces aprendí a aceptar y a confiar.

Y de nuevo, es una bendición, tener un compañero que lo entiende. Y se atreve a tomar una cuerda en la mano. No cambiamos nuestros roles en el shibari y disfrutamos viviendo nuestra polaridad de la forma más radical: cediendo voluntariamente y asumiendo el poder… «el Seme-nawa es relacional, no mecánico«, dijo una vez mi pareja. El espacio en el que puedo estar indefenso, en el que me confío a otro ser humano (no perfecto), este espacio creció orgánicamente con el tiempo y la experiencia compartida. Hay confianza mutua y amor y compasión y apreciación de la complejidad de la naturaleza humana y de las formas en que los seres humanos se relacionan entre sí. De lo contrario, lo que mi pareja me está haciendo a mí, sería una locura…»

Esta es la traducción al castellano por Margout del texto «Why do I like to be tied?» publicado por Natasha NawaTaNeko en su blog Somatics for Rope Bottoms. Puedes leer el texto original en inglés aquí.

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