Shibari (縛り) significa literalmente atadura, mientras que Kinbaku (緊縛) se refiere al aspecto más tradicional en la transferencia energética a través de las cuerdas, y puede traducirse como atar fuertemente. Ambas palabras se emplean para referirse a la disciplina nipona de la atadura erótica, cuyo origen sensual es reciente (primera mitad del siglo XX), a pesar de encontrar su inspiración en el arte marcial del Hojōjutsu (捕縄術), que enseñaba el uso de cuerdas para atar prisioneros en su transporte o castigo, y que data del periodo Edo japonés (siglos XVII-XIX).

El énfasis recae no sólo en la confección de las formas y figuras, sino en la manera en la que la cuerda se utiliza como medio de comunicación, transformándose en una extensión viva de las manos del artista. Quizás sea debido a esto que el conocido fotógrafo Araki Nobuyoshi, hace referencia a la experiencia del Shibari definiéndolo como un abrazo fuerte.

El intenso recorrido qshibari-6ue abarca este arte se centra mucho más en el viaje, y no tanto en el destino, marcando de esta forma una distancia con lo que se entiende en occidente como bondage, e incluyendo factores de filosofía de la enseñanza y la dedicación japonesas aplicables a cualquier arte, tales como el concepto Kokoro (心), donde se intenta integrar cuerpo, espíritu y mente, para dejar a un lado la importancia única de la técnica, con el fin de centrarse en la estética del sentimiento comunicativo. En una cultura de costumbres tan impenetrables como la japonesa, ser capaz de entregarse a un medio que permita la expresión de la emoción profunda, crea momentos significativos de especial belleza atemporal.

Los efectos psicológicos de esta disciplina son muy potentes, y a veces contradictorios. Desde la indefensión que provoca el ceder el control completamente a otra persona, hasta la profunda confianza que este gesto refleja entre modelo y atador: o la relajación y absoluta calma que sigue al ejercicio de control mental sobre sensaciones como el miedo o el dolor frente a la contorsión extrema del cuerpo. El Shibari puede utilizarse también como crisol estético, ya que su valor artístico permite que se convierta en una disciplina fácil de interrelacionar con otras. Numerosos artistas utilizan la expresividad de las cuerdas para crear performances de todo tipo, no necesariamente con el propio Shibari como foco central. El amplio repertorio físico del Shibari nos permite crear situaciones de potencia emocional, sacando provecho a la tensión o distensión de los cuerpos, la erótica expuesta o recogida, la fascinación frente a la ingravidez, la pérdida de la noción del tiempo y el espacio, la ternura de la caricia de la cuerda frente al roce amenazador, etc..

El Shibari puede ofrecer una experiencia constructiva en muchos sentidos, y puede ser utilizado como herramienta para mejorar dinámicas de pareja, realzando el intercambio emocional y la confianza tanto en el otro como en uno mismo. Nos enseña un lenguaje corporal y mental que puede ayudarnos a desarrollar nuestra capacidad para asumir responsabilidades, y para trabajar la autoestima, la creatividad y la relajación, además de ofrecernos un método único de juego con infinitas posibilidades.

Puedes leer más sobre el shibari así como dos entrevistas a modelos en este artículo escrito por Zor Neurobashing para la DuckOut! Magazine.

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